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  1. Pólvora sin estallar

    miércoles, 1 de junio de 2011

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    Dylan está en la cocina,

    dirigiéndose los pasos

    mirando ropa tendida

    Con las ninfas del parnaso.

    Tienes que trazar caminos

    Urgentes, ráfagas de odio.

    Blindarte contra el destino

    Enlazar todas las risas de

    Amor, promesas y vino

    Corrige un soplo de vida…

    Ojos vendados, ¡no mires!

    Mantén la mecha encendida

    Tienes que trazar caminos

    Habrá que buscar la forma

    Oprimir el néctar vivo

    Tendido bajo la sombra

    Mantén la mecha encendida

    Ardiendo, no le des tregua.

    Inunda la luz inmensa,

    Lo más ciego del camino.


  2. Valses poéticos

    martes, 26 de abril de 2011

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    A tempo vivo. Como si nada importase. Tus sueños se van rompiendo como rompen las olas contra El Malecón. Uno tras otro, sin fatiga, sin pausa, sin remordimientos, todo es culpa de la naturaleza. Como si nada importase. Como si te lanzasen con delicadeza sobre la cama del fakir argumentando que es lo mejor para tí. A empezar de nuevo. Ya sabías que te ibas a encontrar peor, nadie te lo va a perdonar ni nadie lo va a tratar de comprender. ¿No entiendes qué has hecho? Da lo mismo, actúa como si crueldad no existiese en el mundo. Actúa como si la sinceridad habitase en todas las personas. Todos somos gente de honor y disciplina. Aquí nadie ha cometido pecados. Todo el mundo sabe encajar golpes, a nadie le tiembla el pulso. Todo está bien, todo está en su sitio. La ironía no existe, es un invento de unos cuántos. A ninguna persona se le pasa la idea de machacar a otro por la cabeza. Nada de lo que digas puede ser utilizado en tu contra. Las estrellas siempre estarán ahí para nosotros. Veremos nacer el día con impecable lentitud bajo las trazas trémulas de nuestros recuerdos, que no siempre tienen por qué ser ciertos. Todo el mundo camina desnudo por las calles, pero nada más que es una ficción irrisoria que quiere apartarnos de la realidad y aproximarnos al lado más anguloso de nuestra vergüenza, de nuestro miedo más íntimo. A partir de ahora ten siempre un truco previsto para cuando el insomio aparezca con su tenue luz sobre las sábanas deshechas. Restituye los pedazos que la tormenta y el terremoto que hicieron resquebrajarse las cornisas a tu alrededor. Observa el vacío que desprende el sonido del impacto contra el suelo, el restallido inerte del granito, el gris plomizo de la polvareda sobre tu piel. Captura el momento y recuérdalo la próxima vez que alguien te pregunte si estás vivo.


  3. Balón de oxígeno

    jueves, 21 de abril de 2011

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    A veces no hay destinos que se entrecrucen. Todo lo que sigue su curso es porque hemos fijado desde muy adentro las normas para que así suceda. ¿Puedes apartarte un poco del camino de lo previsible antes de llegar a la última parada del día? Así evitarías en parte que Dios siga jugando a la ruleta rusa contigo, con el tambor vacío y una mueca irónica en los labios. Los problemas llaman a la puerta pidiendo atención, pero todos nos vamos a marchar de aquí y vamos a dejar el puesto vacante. A veces eres tu peor enemigo atendiendo sus demandas constantemente. Así que, ¿dónde quieres viajar esta vez? Ya hemos estado en la antigua Grecia describiendo círculos entorno a Afrodita, consultando al oráculo de Delfos. Estuvimos discutiendo el reparto del poder con los señores feudales y no guardo un buen recuerdo. Da Vinci, Palestrina, Miguel Ángel... pero tampoco encajabas allí. Días soleados en los jardines de Versalles tampoco llamaron tu atención, te asustaban el espacio abierto y la pureza. Buscamos juntos la perdición solitaria y oscura del Romanticismo y todo lo que aprendimos sólo nos sirvió para alimentar nuestros miedos. Dos Guerras Mundiales no hacían falta para darnos cuenta de que estábamos tan perdidos como al principio. ¿Qué voy a hacer contigo? ¿Dónde buscas un balón de oxígeno? Parece como si ya sólo nos quedasen el surf y el rock'n'roll. No hay motivos para la deserción.


  4. Composición química

    viernes, 6 de agosto de 2010

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    Eres lo que dejas ver. Eres lo que revelas al hablar. Eres lo que ignoras sobre la marcha. Eres lo que sabes. Eres lo que te mueve hacia el olvido. Eres lo que te deja frío. Eres lo que abandonaste sin convicción. Eres desde dónde retomas el camino viejo y sucio. Eres lo que desafías sin la valentía suficiente. Eres el error que cometiste y no admites corregir. Eres el fuego que enciendes con una palabra. Eres lo que tratas de olvidar a toda costa. Eres un lugar común si lo pisas. Eres los enemigos con los que te tuteas. Eres esa crítica que te acribilla, te rompe en pedazos y te hace tanta gracia. Eres lo que detestas con las fuerzas que te quedan. Eres aquélla vez que te dejaste llevar. Eres cada minuto que pierdes pensando el siguiente paso. Eres lo que te quedaste atrás colgando como un lastre. Eres la primera luz del pensamiento que nace cuando te quedas a oscuras. Eres la penúltima instrucción que te darías antes de suicidarte. Eres lo que sientes ante el regreso de un amigo perdido. Eres el veneno que alimentas cuando tienes enfrente a un bastardo. Eres esa vez que te caíste y de la que todavía no te has levantado. Eres ese deseo imposible de ocultar por hacer las cosas mal. Eres lo que cantas en la ducha. Eres la última vez que se rieron de ti con inteligencia. Eres la decisión complicada que nunca meditas. Eres tu pequeño desastre en continuo movimiento, tu contradicción, tus esporádicas ganas de todo, tus ansias de nada de repente, las promesas que resquebraja tu voluntad y la rebeldía de los besos lanzados al vacío dedicados al mejor postor. Eres una carta sin remite en busca de un destino inexacto. Eres tu última carrera mientras esquivabas las pelotas de los antidisturbios. Eres el equilibrio de un surfista sobre la olas, esquivando aletas de tiburón. Eres el estribillo de tu canción favorita. Eres ese libro que quemarías si no hubiese estado dedicado por un amigo te forzó moralmente a leerlo. Eres todas las mañanas que despiertas. Eres la última puesta de sol que has visto. Eres el dónde he puesto el DNI y el número de la agenda que nunca has marcado. Eres el maldito y ridículo vídeo de tu comunión. Eres todas las noches que te duermes y las que te desvelas. Eres el punto débil dónde todo el mundo apunta si queda al descubierto. Eres el no me importa, el la vida es así y el no me toques más los cojones.


  5. 10' 48''

    domingo, 6 de diciembre de 2009

    "El único símbolo de superioridad que conozco es la bondad." Es mentira.

    Tenía los párpados pegados como dos tiras de velcro. Tardó diez segundos en conseguir abrir completamente los ojos y dejar las pupilas a merced de la luz artificial que iluminaba el recinto.

    Por unos instantes se sintió desorientado. Miró el reloj: las 4:38 de la mañana. Recordó que estaba en la terminal 6 del aeropuerto de Los Ángeles, que había un problema con su vuelo y le habían asignado otro en compensación que salía al día siguiente. En cierto modo había salido ganando, Air France había derivado su pasaje a Continental y le habían asegurado ciertas comodidades en un 757 de Boeing de las que el A330 de Airbus que había pagado en un principio carecía.

    Por lo demás, haciendo un balance más o menos reciente de la situación había pasado las últimas cuatro horas recostado a lo largo sobre casi tres asientos de la terminal por darse el capricho irresponsable de no buscar un hotel donde pasar lo noche. Mientras se incorporaba, sus vértebras trataron de recolocarse dentro de su cuerpo como una perezosa fila de hormigas carnívoras moribundas. Odiaba esa sensación.

    Se ajustó el anorak y miró alrededor buscando un cable a tierra. No esperaba que un aeropuerto de madrugaba fuese un lugar tan difícilmente concurrido. Empleó varios minutos en encontrar una máquina de café. Estaba junto a las escaleras mecánicas, como un espectador que contempla desde el rincón más recóndito de la platea la misma función noche tras noche. El café equivalía en estas circustancias a un momento de intimidad en casa con la cafetera metálica antigua sobre el fogón de la cocina, con el aroma tostado y denso que subía hasta la nariz y te apaciguaba. Sería un pequeño retorno irreal a la vida cotidiana, a la calidez del hogar.

    Una máquina de café y un smoking point: con eso sería suficiente hasta mañana. Algo para leer habría estado bien, quizá para distraerse y dejar que pasara el tiempo, quizá para sentirse más cómodo y acorde con el nuevo y temporal entorno que le rodeaba.

    Pensándolo bien no es ni lo mejor ni lo peor que te puede pasar. Hay muchos contratiempos peores. Por poner un ejemplo, puedes llegar a casa después de 10 horas de oficina y descubrir a pie de calle que tu apartamento en un piso dieciséis está ardiendo por las cuatro esquinas y que tu mujer está saltando desde la cornisa. Alguien puede darte un ligero empujón que te desequilibre y te haga caer a la vía del metro justo cuando está entrando en la estación y ser arrollado. Te puedes ver inmerso en una nube de sangre y polvo después de una detonación suicida en mitad de un mercado de Pakistán.

    Invirtió veinte minutos en recorrer la terminal de un extremo a otro. Era reconfortante comprobar que todavía le quedaban fuerzas para hacerse cargo del equipaje. Puede que no hubiera dormido sobre un colchón gigante, pero descansar unas horas le había sentado bien. Por el contrario, muchos de los pasajeros que ocupaban los asientos de las áreas de espera parecían muy fatigados, más allá del cansancio físico. Imaginó con todo detalle un par de vidas traumáticas y dos o tres más rutinarias y aburridas y las asignó mentalmente a los que le pareció más apropiado. Tremendamente injusto. Sin duda podría haberse parado a averiguar si estaba en lo cierto, pero convino consigo mismo que indagar sobre los problemas personales de aquélla gente en aquél lugar y bajo esas circunstancias era un pérdida de tiempo. Prefirió recordar de memoria como regresar al smoking point, la situación del duty free 24 horas y de dos cafeterías que se encontraban abiertas, con el personal todavía sirviendo las mesas.

    Echó una ojeada a la prensa en el duty free y compró un ejemplar del TIME con Obama en la portada. Pensó que tenía muchas probabilidades de ser nombrado persona del año. Se lo habría dicho personalmente si hubiese tenido la oportunidad pero recordó el interrogatorio que le habían hecho nada más llegar al país y todas las medidas de seguridad del aeropuerto y le pareció bastante absurdo y lejano concertar una cita con la Casablanca. Se quitó de la cabeza las informalidades con un líder político, al menos con ese y en aquél momento. Hay personas que por la razón que sea son más inaccesibles de lo normal, tienes un campo de acción distinto al habitual aunque eso no te despoja de cierto control de la situación, unas veces es más amplio y otras más reducido. Pero que duda cabe de que siguen jugando con ventaja. O quizá no. O quizá era tan irrelevante como la propia popularidad que le estaban atribuyendo como personaje, tan vaporoso y repugante como los mismos valores pasteurizados y en conserva con los que la prensa y los medios habían estado jugando durante toda la candidatura y que lucían ahora con una sonrisa en los labios, más parecida a la que produce la autoafirmación que deja la propia razón satisfecha de sí misma al confirmarse en señal de narcisimo impúdico que a la que sucede a la explosión de un orgasmo. Esa tercera opción era la más segura. La que más encajaba con la moral perfumada de ese tiempo y ese lugar. Y también con el afán de masturbar el teclado del ordenador que tenían algunos periodistas para obtener en forma de eyaculación profesional palabras bonitas cargadas de buenas intenciones y de un simbolismo capaz de cambiar el mundo con la misma facilidad con la que se chascan los dedos.

    Habían incrustado la cafetería en las paredes de la terminal y encajaba con la misma perfección que una pieza de puzzle. Era un lugar frío y funcional, no había decoración y estaba seguro que de haberla habido habría sido horrorosa. Pero el sitio estaba limpio, así que pidió un cortado, se sentó y empezó a interesarse por el índice de TIME que había comprado. Joe Walsh tocaba la guitarra por la radio local y aunque no era el fondo musical más adecuado para sentirse como un cactus en mitad de un campo de girasoles no se quitaba de la cabeza que, si lo llevas al extremo de la caricatura absurda, en California un taxista te puede bajar a patadas del coche y dejarte tirado en medio de una autopista sabiendo que has tenido una mala noche si le propones cambiar a los Eagles por cualquier otra cosa en el equipo de música. Estaba allí para tomarse un café cortado y leer el TIME, no para llevar la contraria.

    Notó un ligero cosquilleo en el bolsillo, dobló el TIME sobre sí mismo por la página diez y contestó al teléfono.

    - ¿Qué haces llamándome a estas horas? Aquí son las cinco de la madrugada, ¿no se te ha ocurrido pensar que puedo estar durmiendo?

    - Veo que has perdido los modales en California. Alguien se preocupa por tí y ni siquiera eres capaz de darle las buenas noches al descolgar el teléfono. Lo has vuelto a hacer: te quedas colgado en el destino y no das señales de vida. Tu compromiso con el desorden y el libre albedrío me saca de mis casillas.

    - El único que está colgado de los dos eres tú. Eres mi socio y cada vez te pareces más a mi ex, por tu tratamiento se diría que estoy constantemente a punto de caer tras las líneas de Vietnam o que hago funambulismo en los cables de alta tensión todas las noches. Cómo te dije las cinco últimas veces, no volverá a suceder. ¿Quieres saber dónde estoy? Leyendo el TIME en el aeropuerto de Los Ángeles.

    - ¿Y ya está? ¿Es eso todo lo que tienes que decirme? ¿Qué vas a cambiar de número para que no te llame más y que estás ojeando la prensa?

    - Oye, estuve hablando con él y no hay mucho en la historia que me ha contado que valga la pena. Admito que hay un fondo sensacionalista del que te gustaría sacar partido, pero nada más. Se subió al escalafón más alto de la sociedad, cayó en picado, estuvo un par de meses viviendo en la calle como un marginado y remontó por un golpe de suerte recuperando su tren de vida. Fin de la historia. No pienso publicarlo.

    - Escúchame, ¿has registrado las entrevistas y has tomado notas?

    - Claro, tío. Está todo grabado y he tomado montones de notas: muchísimas. Pero no voy a publicarlo. Me gustaría, si fuera interesante, pero es una mierda.

    - Es una buena historia y tus argumentos no tienen ni pies ni cabeza. Yo lo veo así. Te lo explicaré más detenidamente cuando vuelvas. Podremos hablar con tranquilidad mientras revisamos las entrevistas.

    - Suena muy maternal, desde luego.

    - Sí, y pondremos "Everybody Digs Bill Evans", te gustará, te sentirás como en casa.

    - Quizá no sea tan mala idea, un poco snob, pero no es mala idea. Mi vuelo sale mañana a las once menos cuarto.

    - Te llamaré pasado mañana, estarás más descansado y verás las cosas de otra manera. Esto no da más de sí. Hasta entonces.

    Le gustaba la idea de pasar dos días sin una ocupación real. Antes no le ocurría, le asustaban los tiempos muertos. Más que miedo era como la falta de gravedad que pueden notar algunas personas cuando pisan el pedal del cubo de la basura para tirar algo dentro y descubren que la bolsa no está puesta o cuando van a poner el pie en el paso de cebra de una calle poco transitada y el coche que viene de frente no frena y te obliga a pararte en seco. Tú cerebro está pidiendo que cortes con lo que estás haciendo pero el resto del cuerpo quiere continuar con la última acción prevista. Enseguida te acostumbras, pero al principio es incómodo.

    En cambio ahora no sentía eso. No tenía asuntos pendientes por resolver


  6. Tu lado malo me quiere muerto

    sábado, 3 de noviembre de 2007










    Seguramente hubo un tiempo en el que no tenías el alma cosida a zarpazos. "La vida tiene muchas curvas" dices ahora. Y en una de ellas tú perdiste la fragilidad, que ahora es nada más que una pieza de museo.


    Si la ternura está siempre al alcance de la mano entonces, por propio principio de escasez, pierde su valor. Entonces todo tiene más sentido para afrontar el día a día de una realidad que empezó a cambiar hace tiempo. Tanto, que ya no te llega la memoria. Que ya no sabes cuando empezó la rutina.


    Al fin y al cabo todas las nueces se abren si se aplica la fuerza suficiente en el lugar adecuado. Cuánto se tarda en besar la lona es sólo una cuestión personal. Es un lugar que ya conoces bien y al que no piensas volver. Parte de tu voluntad está apuntando directamente ahí.


    Por eso cuando haces las maletas siempre lo echas dentro del equipaje y cuando sales a la calle o a trabajar siempre te aseguras de que vaya en el bolso contigo. Lo que sí sé es que lo dejas en la mesilla de noche cuando duermes y te olvidas del mundo: tu lado malo.